Estaba el otro día comiendo en un restaurante de los que tienen sucursales hasta en el lugar más recóndito, y que además tienen todo totalmente procedimentado. Cuando se produjo delante de mí una situación que me hizo pensar y escribir este post.

Estaban dos amigas comiendo, en realidad ya habían terminado, y de repente llego una tercera amiga. Por cómo se saludaron parece que llevaran tiempo sin verse. Entonces una de las chicas que habían comido, preguntó al camarero si podía o bien poner una silla en esa mesa de 2 personas, o bien moverse a una mesa de 3 personas. A esto el camarero le respondió que la silla no era posible por que dificultaba el paso de otros camareros (paso quedaba aunque no fuera tan holgado) y que si querían cambiar de mesa, tenía primero que pagar lo de esta, ya que las mesas estaban vinculadas a camareros concretos. ¿Cuál fue la respuesta de la chica? “Bien, entonces deme la cuenta que nos vamos”. Por una simple cuestión de procedimiento perdieron la posibilidad de que se sentaran las tres, tomaran café o lo que fuera y estuvieran ahí más tiempo consumiendo.

¿Cuántas veces perdemos dinero y clientes por tener procedimientos poco flexibles?

Siempre soy partidario de procedimentar y establecer procesos de trabajo, y además pienso que estos han de ser suficientemente flexibles para que podamos dar el mejor servicio al cliente.

¿Qué procedimientos tienes en tu empresa que te limitan más que potenciarte?

¿Puedes flexibilizarlos y con ello aumentar la facturación y lo que es más importante aún, la satisfacción de tus clientes?

El verano puede ser un buen momento para reestructurar procesos, aprovecha este momento.