Esta temporada una de las novedades es mi intervención mensual en el programa de radio de la cadena SER «Hoy por hoy Madrid Norte y Madrid Sur» y en el programa de televisión «Plató Abierto» de 8madrid sur TV, para hablar de coaching, la última semana de cada mes. Cada mes colgaré los programas en un post junto con un texto que hable del tema tratado.

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Audio: 8:52 minutos

En el primer programa hemos hablado del para qué hacemos las cosas, en contraposición del por qué.

Siempre nos planteamos la pregunta de por qué hacemos lo que hacemos, buscamos el propósito de nuestras acciones. Y con demasiada frecuencia encontramos respuestas que en breve dejan de satisfacernos, ¿por qué ocurre esto? el motivo es sencillo y responde a la lógica del proceso que hemos seguido: obtenemos respuestas insatisfactorias a medio plazo porque realizamos las preguntas inadecuadas.

Si quieres obtener una buena respuesta haz una buena pregunta, y si la respuesta obtenida no es valida, entonces cambia la pregunta. Muchas veces damos por válidas las preguntas y de una misma pregunta queremos obtener respuestas que nada tienen que ver.

También es importante darnos cuenta de la importancia de los pequeños cambios en la sintaxis, en el orden de las palabras, y que la inclusión o ausencia de una palabra puede cambiar radicalmente el significado de la pregunta. Así por ejemplo no es igual decir «El perro mordió a Juan» o «Juan mordió al perro», un pequeño orden de las palabras y el significado cambia en su totalidad. Ahora para que se comprenda mejor, hagamos un ejemplo: pensar en algo que has de hacer en los próximos días. Cuando lo tengas pensado, definido, solo una acción, elige solo una. Pregúntate ¿por qué hacerlo? piensa una respuesta. Y después pregúntate ¿por qué NO hacerlo? Un pequeño cambio en la pregunta cambia totalmente la respuesta, y lo que es más importante, donde esa la clave, esa modificación hace que busques la respuesta en otro lugar dentro de ti, respondes desde otro lugar.

Cuántas veces nos pillamos preguntándonos: ¿por qué me pasa esto? ¿por qué no podré tener más éxito? ¿por qué no me harán más caso? etcétera, ahora haz un pequeño cambio pregúntate ¿para qué?, pon para en lugar de por. ¿Cómo te cambian las respuestas? párate a percibir desde donde estas respondiendo, en que parte de tu cuerpo sientes que esta más activa con la respuesta.

Al preguntarnos para qué hacemos algo estamos buscando el propósito más profundo que hay en esa acción, no vamos a la racionalización y justificación que el «por qué» nos ofrece rápidamente, ahora requerimos más tiempo para pensar la respuesta, es un hábito no muy practicado. En realidad estamos respondiendo de una forma más emocional, más desde el corazón que con el «por qué» que se responde más desde el cerebro, desde la lógica o la razón.

Y es aquí donde radica la importancia de este cambio, en general nuestras acciones tienen el fin último de cubrir un conjunto de necesidades, el objetivo de hacernos felices de un modo u otro, de alejarnos del dolor y acercarnos al placer, al menos en un corto plazo. En muchas situaciones terminamos haciendo actividades porque son lógicas, porque es lo que se espera de nosotros, porque es lo que hemos hecho siempre, aunque no tengamos nada claro para que lo hacemos.

Podemos provocar un punto de inflexión en nuestra vida si nos preguntamos para qué hacemos algo, y cuando obtengamos una respuesta, nos volvemos a responder el para qué de esa respuesta, y así sucesivamente un mínimo de 7 a 9 veces. Nos encontraremos algún momento que creemos que ya no podemos profundizar más, pero es porque en realidad estamos llegando a la madre del cordero, a la clave de nuestro propósito, en ese momento es mejor respirar despacio, cerrar los ojos, y dejarse sentir sin buscar la respuesta, ella aparecerá en cuanto dejemos de buscarla con la cabeza.

Las motivaciones que nos han movido a lo largo de tiempo han ido cambiando, y no tiene ningún sentido el seguir haciendo lo mismo que hace 10 años si nuestra motivación ya es otra, si nosotros en realidad hemos cambiado, somos otros distintos. Hemos de cambiar la mentalidad de que nuestro pasado es igual a nuestro futuro, que nuestra biografía es nuestro destino.

La forma de sentir la plenitud de la vida, de poder vivir al más alto nivel de felicidad es vivir desde el propósito que nos hace crecer y contribuir, de construir algo que vaya más allá de nosotros mismos. Recuerda alguna situación en la que ayudaste a alguien, a un niño, a una persona mayor, que tipo de emoción te vino, que nivel de satisfacción tenías en ese momento, de 0 a 10.

Ahora bien, el conocimiento no da la plenitud, el saber que esto es así no te hará más feliz. El ponerte en acción y experimentarlo si lo hará. Es que una vez que conocemos las respuestas que estábamos buscando, tomemos las decisiones precisas, que tomemos las riendas de nuestro destino y creemos la vida que queremos vivir, esto conlleva una alta dosis de responsabilidad y valor.