Porque si como emprendedor guerrillero, como revolucionario positivo eres perseguido, entonces entrarás a formar parte de un club muy selecto al  que antes que tu han pertenecido personajes históricos como Nicolás Copérnico, Galileo Galilei, Miguel Servet, Alexander Fleming o Louis Pasteur.

Los primeros síntomas los percibirías cuando las personas que te rodean te digan que es una locura esa aventura que quieres emprender, que nadie antes lo ha hecho y que no puede funcionar.

Solo tu puedes ver la belleza de tu sueño

Solo tu puedes ver la belleza de tu sueño

Si con el debido asesoramiento de cada una de las partes de tu proyecto te lanzas a la aventura, no dejarás de tener impedimentos, de situaciones, personas y acontecimientos en general en contra y de no fácil solución, en especial de esos que no encuentras información cuando buscas en Google ni en Twitter. Este es un síntoma inequívoco de que te estas adentrando en un terreno nuevo, un espacio de descubrimiento donde tienes la posibilidad de marcar un hito en la historia, un momento único que solo pertenecerá a los valientes que aun teniendo muchos o todos los elementos en contra, toman sus miedos y los transforman en su energía motivadora.

En ese paso por el desierto habrá momentos de dudas, anótalas si quieres, pero no tomes decisiones cuando te veas rodeado de dudas y sin objetividad, recuerda lo que te movió a estar donde estas e ir a donde vas, continua ya que como sabes es justo en el momento más oscuro de la noche donde comienza un nuevo amanecer.

Y cuando tras ese largo viaje que acabo de describirte comienzas a escuchar frases como «era lógico», «no podía ser de otra forma», «que suerte ha tenido», etc. quiere eso decir que la persecución da lugar a su fin.

Luego con suerte vendrán reconocimientos y en especial muchas nuevas amistades, en ocasiones las mismas que antes te mostraban la mejor parte de su espalda. No se lo tengas en cuenta, es normal, el visionario eres tu, no puedes exigir que ellos también lo sean, ayúdales a ser visionarios explicándoles como llegaste donde has llegado y mostrándoles que ellos también pueden.

Una vez aquí, no me queda más que darte la bienvenida a la ¡Revolución!, a tu propia revolución que te llevará allí donde siempre soñaste y aun no has estado.