Te quiero proponer un viaje, un viaje en el que es preciso tomar perspectiva, y para ello imagina que tuvieras alas, y que puedes alejarte poco a poco hacia arriba, desde donde estás ahora, hacia el techo, el cielo, por encima de las nubes, y más, llegas a ver el contorno de tu país, de tu continente, incluso más y más y llegas a alejarte tanto que llegas a ver el planeta que llamamos Tierra, ahí puedes parar. Ahora imagínate las personas que viven dentro, imagina todo lo que ahí dentro sucede como un sistema único e interconectado, humanidad, naturaleza, clima, etc. todo se ve afectado por fuerzas mayores al ser humano, y el ser humano afecta a esas fuerzas con sus acciones.

El otro día, estuve en el Parlamento Europeo y en la Comisión Europea, junto con el resto del equipo de #EuropeIN, y reunido con comisarios y representantes políticos, además de con un grupo de empresarios y profesionales italianos. Hablamos de múltiples cuestiones, desde el papel de los Lobbies hasta directrices y políticas europeas, o la situación de Europa respecto a la crisis Rusia-Ucrania.

En este momento me gustaría destacar una reflexión que me resurgió tras estas sesiones, la necesidad de particionar que en ocasiones tenemos, y el daño que esto puede suponer. Surgió de forma constante con distintas personas de la Comisión o Parlamento, el hecho de que Europa está fraccionada, más allá de las líneas divisorias del mapa político.

Tenemos una tendencia a etiquetar y clasificar, lo aprendimos desde pequeños, la ciencia nos lo enseñó, clasificamos las especies, las emociones, los estilos artísticos, las épocas, etc. lo clasificamos y separamos todo. Tendemos a ver blancos y negros, e incluso cuando vemos grises, tenemos la capacidad de también separarlos en distintos tipos de grises y enumerarlos en Pantones. Esto es fantástico para poder estandarizar y entre todos entendernos mejor cuando hablamos de algo, poder saber exactamente a lo que nos estamos refiriendo, digamos que ese tipo de acuerdos normalizados nos ayudan a comunicarnos. Ahora bien, también nos perjudican, porque nos llevan a lo mío, a lo tuyo, nos llevan a separar unas emociones de otras e intentar resolver unas sin tener en cuenta a las otras, nos llevan a intereses individuales y no comunes, a ver fronteras mentales y no ríos que cruzar juntos, en definitiva, en mi opinión nos estrechan la mente y limitan lo que podemos hacer juntos.

En las comunidades de vecinos estamos fraccionados, están los que piensan como yo y los que no, los que me saludan y los que no, etc., en la familia, la situación se repite, en la empresa, en el barrio, en las provincias, y como no podía ser de otro modo, en los países y también en Europa y el resto del mundo.

En muchos sentidos nuestro pensamiento es el resultado de la cultura en la que vivimos, por lo que si de forma más global queremos provocar un cambio, actuemos sobre los pilares que crean cultura, y de este modo, tal vez no las generaciones adultas, pero si las jóvenes podrán vivir en un mundo más unido, donde puedan enamorarse de sus diferencias. Dicho así suena fácil: “eso, que los políticos lo hagan”, “que mi jefe imponga una cultura empresarial de unión”, pero ambos sabemos que nada se puede lograr si todos miramos hacia fuera, y tal y como dijo Gandhi, primero se tú el cambio que quieres ver en el mundo. Dentro de lo que tu alcance te permita puedes provocar cambios. El primero en ti, ya antes has cambiado la forma en la que pensabas acerca de algo, has cambiado de perspectiva y tomado decisiones distintas. Ahora también puedes hacerlo. Si además tienes hijos, entonces también puedes influir sobre ellos, a fin de cuentas, eres el modelo que tienen de comportamiento, solo recuerda que imitarán tus actos, no tus pensamientos, por eso es tan importante primero cambiarse a uno mismo, para que lo que digas y lo que hagas vaya en concordancia. Si tienes empresa igualmente tienes tu parte de influencia, o si diriges un equipo de trabajo o de deporte.

Todos tenemos la capacidad de provocar cambios, aunque tal vez no podamos cambiar el mundo, pero si podemos cambiarnos a nosotros mismos y tal vez incluso ayudar a otra persona, aunque solo sea una, eso ya será suficiente si todos lo hacemos. Tal vez no puedas lograrlo todo, pero si puedes ser el origen de la reacción en cadena.

Sigo mi trayecto en tren de Bruselas a Amsterdam, desde el que te escribo, en un vagón donde puedo oír varios idiomas, aun cuando todos compartimos un único destino.

Foto realizada por Vicsoriano Fotografía